jueves, 6 de marzo de 2014

No sólo soy mamá

Hace siete años me convertí en madre. Fue un embarazo sorpresa. Muy feliz, pero sorpresa. Digamos que un bebé no estaba en mis proyectos inmediatos. Después del primer año siendo mamá de Sara, tuve que empezar a tomar terapia para poder asimilar el cúmulo de cambios al que me había sometido. Yo no sé si una mamá que planea sus embarazos pasa por esa etapa de manera más sencilla. Igual el sólo hecho de haberse sentido listas y decirse a sí mismas "yo lo decidí" lo hace menos pesado. Tal vez es igual de difícil para ellas, o incluso más, no lo sé. Lo que sí puedo decir es que de ser una profesionista in crescendo, de estar dibujando mi plan de vida personal, de haber logrado coincidir con el hombre que yo amaba después de muchos años de idas y venidas, de adoptar a un hermoso golden retriever, de viajar, de desveladas a placer en bares, restaurantes y fiestas (o sólo viendo nuestra serie favorita hasta la madrugada), de levantarme a la hora que se me diera la gana los sábados y los domingos... pasé a ser una esclava de un concepto llamado "maternidad", que siempre me vendieron como algo muy hermoso pero que en ese momento no lo parecía tanto.
En pijama todo el día, sin tiempo ni para bañarme, con un cuerpo transformado, encerrada en mi casa, sin saber qué hacer con mi trabajo, y lo más duro: siendo toda una "señora" con su "marido". Porque claro, cuando todavía no tienes niños es más fácil que el viene-viene te diga "señorita" (aunque ya no lo seas), que cuando te ven bajar del coche armando carriola, cargando una pañalera, más tu bolsa, más la bolsita de la medicina del reflujo, más un portabebé ocupado.
Un bebé te da muchísima plenitud, pero también te da un mote de "señora con la vida resuelta" que a mí me asfixiaba al grado de sentir que por ratos no existía si no tenía a mi hija a un lado.
Y es que hoy, aun con mis dos hermosas hijas, ocho años de casada, un perro padrísimo, un departamento que me encanta y mil aventuras felices que compartir... mi vida NO ESTÁ RESUELTA. Ni siquiera creo que esté cerca de estarlo. Por Dios, estaba yo en esa búsqueda del trabajo de mis sueños cuando todo cambió, desde entonces he tenido que colaborar con los trabajos y proyectos que, aunque me gustan mucho en un nivel, no necesariamente me llenan, pero que me permiten combinar horarios y responsabilidades. Y no es que no se pueda, es que no quiero ni puedo dejar a mis hijas (física, emocional y cabalmente) por emprender una búsqueda que nadie sabe cuándo va a parar. Por el contrario, he tratado de ser feliz con lo que hago y he aprendido que esa búsqueda no sólo se logra a través de un camino y además no termina, es constante. Es más, durante estos años he estado buscando tanto, que a veces me cuesta trabajo reconocer todo lo que he encontrado. Y es que como dicen: "el destino es el camino".
Con este blog, además de lo que he venido persiguiendo desde hace siete años, busco congregarme virtualmente con todas esas mujeres que sienten lo mismo que yo: que desde que son, ya no son. Que desde que son las madres más plenas, orgullosas y felices, ya no son las empresarias, funcionarias, ejecutivas, artistas, editoras, fotógrafas, creativas, cinéfilas, amantes del buen comer (en todos los sentidos), desveladas, roqueras, viajeras e independientes que eran. A quienes aunque trabajen, tengan una exitosísima carrera profesional en su currículum, se estén realizando en lo que hacen y hayan encontrado la receta mágica para conciliar mundos... sienten que ya no son las mismas, que se tienen que redefinir y se dan permiso de seguir buscando.
Y cuando dejas de ser quien has sido por tantos años, ¿quién eres?... Yo aún no lo sé, pero si sé que no sólo soy mamá.

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